Según el informe Fundar 2023, la economía argentina es bimonetaria. Los orígenes de este fenómeno se sitúan en la elevada inflación y en los eventos disruptivos como devaluaciones, defaults de la deuda pública y congelamiento de depósitos. El bimonetarismo o dolarización parcial es el término que describe la utilización de una moneda diferente a la local (el dólar) para, al menos, alguna de las tres funciones del dinero, esto es darnos referencia del costo de las cosas, su adquisición y la oportunidad de ahorro. Hablamos de “dolarización real” cuando se usa moneda extranjera en las funciones de medio de pago (comprar) y unidad de cuenta (fijar precios), y de “dolarización financiera” para describir su utilización a los fines de atesoramiento (ahorrar).
Tener una economía bimonetaria limita la efectividad de la política fiscal, monetaria y cambiaria, restringe el desarrollo del mercado de capitales doméstico y genera una demanda de dólares adicional a la que se necesita para producir y consumir. Conforme a lo que explican los autores del informe, la demanda de dólares para atesoramiento presiona al tipo de cambio y provoca un mayor traspaso a precios de las devaluaciones. El crecimiento de la economía y de las exportaciones también se ve resentido, lo que disminuye la oferta de dólares y vuelve a generar presión sobre el tipo de cambio, en un bucle que parece no tener fin. Si no se empieza a revertir el bimonetarismo, no hay boom exportador que alcance.
Si se ahonda en los datos estadísticos sobre las exportaciones, se puede materializar el impacto que la economía bimonetaria viene teniendo sobre los sectores productivos e industriales. El primer dato para resaltar es que en el período 1993-2001, las exportaciones de San Juan tenían una tasa que duplica la del período 2002-2022. Mientras durante la convertibilidad la tasa de crecimiento anual de San Juan fue del 15%, en el período 2002-2022 alcanzó apenas un 8%. Además, otro factor a ponderar es que, tras el abandono de la paridad cambiaria, hubo una mayor concentración geográfica de las exportaciones de Argentina, centrándose en Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Santa Fe. Este aspecto da cuenta de la disminución de las inversiones locales y extranjeras y, por consiguiente, la capacidad de desarrollo económico del resto de las provincias.
Asimismo, la coyuntura monetaria afecta el valor de las exportaciones, según la localidad y su impacto en el PBI. Durante la paridad cambiaria, la tasa de crecimiento de las exportaciones de provincias “pequeñas” fue significativamente mayor que entre 2002-2022. De hecho, las 10 provincias cuyas exportaciones crecieron más rápidamente del 1993 al 2001 representaban 22% del PBI de 2004. En dólares constantes, el valor de las exportaciones sanjuaninas cayó al 11% en 2022, cuando en 2001 llegaban al 16%.
Algunos creerán que estos datos atañen a un sector minoritario de la sociedad, el exportador. Sin embargo, el cimbronazo al desarrollo local puede ilustrarse también por las estadísticas. Según un informe de las economistas Laura Caullo y Azul Chincarini para Fundación Mediterránea, los salarios reales privados en Argentina están hoy en el nivel más bajo de los últimos 12 años. Esto puede entenderse por una desaceleración de la actividad privada, provocada en gran parte por la presión inflacionaria y las trabas tributarias. En San Juan, la pérdida de empleo privado significó un – 7%, mientras que la remuneración real promedio de los trabajadores registrados del sector privado cayó al -9%.
Aunque estas cifras presentan un panorama parcial de la actividad económica a nivel provincial, se da cuenta de la incidencia que tiene el tipo de cambio nominal. En este sentido, una dolarización real significaría el blanqueamiento sobre la ya dolarización encubierta que sufre el sector privado y su impacto mortífero en las economías regionales.
En el caso de la uva particularmente, si bien el precio de venta internacional no es tan oscilante como el mercado interno, es necesario ajustar los costos en base al mercado global y no al local, por lo tanto, incide directamente sobre la mesa y bolsillo de los argentinos. A esto se le suma la incertidumbre que genera la coyuntura política, que provoca inestabilidad y retraimiento de las oportunidades de inversión del sector.