La producción vinícola de Italia podría enfrentar una notoria disminución para el año 2023, debido a eventos climáticos extremos recientes que abarcan desde devastadoras olas de calor hasta intensas tormentas.
La entidad agraria nacional Coldiretti, principal organización de empresarios agrícolas a nivel europeo por sus más de millón y medio de afiliados, ha presentado proyecciones preliminares que sugieren una reducción de hasta un 14% en la cosecha de vino del país en comparación con el año anterior.
Según se explicó en el informe, durante el año 2022 Italia logró una producción vinícola de aproximadamente 50 millones de hectolitros. No obstante, en vista de los actuales desafíos climáticos, el organismo estima que esta cifra podría descender a unos 43 millones de hectolitros para el 2023. Si estas proyecciones resultaran correctas, la cosecha vinícola del 2023 se asemejaría a años como 1948, 2007 y 2017, que son considerados entre aquellos con cosechas más reducidas en la historia vinícola italiana.
Es fundamental resaltar el impacto que la crisis del cambio climático global está ejerciendo sobre los viñedos italianos. A pesar de que regiones del norte como Piamonte, Lombardía y Véneto presentan rendimientos potencialmente estables, incluso después de las recientes granizadas, las regiones centrales y del sur del país se enfrentan a caídas más pronunciadas en su producción.
Sicilia, famosa por sus viñedos exquisitos, es una de las áreas más afectadas. Las comunidades sicilianas están combatiendo extensos incendios forestales, lo que genera inquietudes acerca del impacto del calor y del oídio en la cosecha del 2023. Increíblemente, tras el agobio, las intensas lluvias de mayo y junio afectaron seriamente los viñedos. Asimismo, la posible aparición de oídio podría reducir aún más la producción de esta bodega en un 30-35%, por citar un ejemplo.
Sin embargo, los productores vitivinícolas sicilianos se muestran optimistas frente a la adversidad: “La cosecha del 2023 será menor en cantidad, pero superior en calidad”, afirmaron. Si bien algunas bodegas podrían ver reducciones en su producción hasta un 40%, la calidad de la uva sigue siendo constante. Los productores en la región del Etna, en particular, atribuyen la escasa presencia de oídio en sus viñedos a la altitud y a las corrientes de aire favorables en la zona. En este sentido, la bajada de las temperaturas ha revitalizado las uvas no afectadas, lo que podría moderar la reducción general en la producción.