Vitivinicultura en jaque: cómo la realidad argentina impacta en la industria del vino a futuro

Argentina atraviesa una profunda crisis económica, signada por la alta inflación y la escasez de divisas, que impactan profundamente en las economías regionales y nacionales, como es el caso de la industria del vino. En este sentido, se evidencia una caída del 29,4% de las exportaciones de vino y un 60,7% para mosto, respecto al mismo período de enero 2022; asimismo, se vislumbra una dramática caída del 21% de las ventas internas a marzo de 2023.

El sector, que lucha por mantenerse al flote de la economía mundial, sufre la imposibilidad de saldar las deudas con el mercado externo, ya que el tan nombrado dólar agro quedó obtuso y ya se vislumbra más como un ancla que como un salvavidas. Aquí, las exageradas condiciones que planteó el Ministerio de Economía para acceder al valor diferencial hacen poner en la balanza las bonanzas del plan, fundamentalmente porque la moneda norteamericana no descansa en la carrera y los estimativos expuestos por el Gobierno nacional quedaron totalmente desactualizados. Incluso, aún se espera la tan prometida eliminación temporal de las retenciones a las exportaciones.

En consecuencia, el sector sufre la imposibilidad de pagar las deudas del exterior, por los gastos crecientes y por rentabilidad en picada, por lo cual se estaría enfrentando a una “tormenta perfecta” por las dificultades locales y globales que deben atravesar las bodegas. Asimismo, la madre naturaleza no dio tregua y las heladas y granizo ocurridos entre el último trimestre de 2022 y el primero de 2023 dejaron en coma la producción y comprometen los planes de negocios del sector a mediano y largo plazo. Esta realidad genera incertidumbre ante la oportunidad de inversiones locales, que exponen dificultades adyacentes que agravan la situación actual: escasa infraestructura de rutas y tecnológica; la conectividad aérea; la energía y el agua para el riego y la ayuda para los productores fuertemente afectados por las heladas en manos de los Gobiernos provinciales.

Según Patricia Ortiz, presidenta de Bodegas de Argentina, lo que más afecta a la industria es el tipo de cambio muy atrasado, una pérdida impositiva muy alta, la inflación, las altas tasas de interés y la fuerte caída de la competitividad de los vinos argentinos en el mundo, que van perdiendo mercado día a día. Para la referente, las causas principales de la crisis de la industria del vino son claras y, en su mayoría, es una reacción a las políticas económicas tomadas por el Gobierno: presión tributaria a la exportación; la cada vez más baja rentabilidad a causa del retraso en la paridad cambiaria con el dólar; la imposibilidad de acceder a financiamiento barato y el impacto negativo de las heladas, el granizo y el cambio climático. Este cúmulo de dificultades están llevando a la Argentina a perder espacio a nivel global, en el que el país se encuentra posicionado actualmente como séptimo productor y décimo exportador mundial de vinos, generando unos 156.000 empleos directos y otros 300.000 indirectos en todo el territorio nacional.

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